El proyecto que nunca empezó

A veces nos ponemos a pensar y pensar en una idea pequeña, que de pronto se convierte en un imperio gigantesco dentro de nuestra cabeza, pero cuando finalmente estamos decididos a hacerlo, las ilusiones se mueren con solo escuchar la palabra “planificar”.

Hay gente que lo escribe todo en su libreta; yo solía escribir en una agenda cómo iba a ser mi negocio en el futuro, pero nunca moví un dedo para cotizar el acuario gigantesco que iba a estar en el techo de mi librería/galería/café en el corazón de la Ciudad.

Este era un proyecto algo complicado en la realidad, pero perfecto en mi cabeza. Recuerdo en ese momento (de hecho todavía tengo los apuntes), que quería crear un espacio para que la gente que disfrutaba del arte y de un buen café, tuviera un lugar donde relajarse. Iba a ser una especie de Starbucks pero con toque bohemio.

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Estaba decidido a hacerlo, pero cuando empecé a armar un presupuesto para aquel santuario del arte, rápido me fui desanimando, porque ver aquellas cifras exhuberantes y pensar en hacerlo todo yo solo, era ver a David (yo) contra Goliat (el proyecto), ¡pero sin siquiera tener una resortera!

En repetidas ocasiones me decía: – Si hubiera empezado antes, seguramente hoy estaría en mi escritorio organizando la próxima exhibición de arte en el Café – pero ¿de qué me iba a servir ahora? Para mí fue muy difícil levantarme, porque a mis treinta y tantos años, tu lo que piensas es que ya no lo vas a lograr porque vas en bajada.

Hubo un tiempo en el que me levantaba, hacía café, miraba lo bien que le iba a otros ilustradores y me culpaba por no haber empezado antes. Para mí los días eran como mirar un reloj de arena a punto de terminar. Los millenials y su “Do what you love lifestyle” por un lado y el “En Panamá no se puede vivir del arte” por el otro, me tenían entre la espada y la pared. Sin embargo, había algo que estaba obviando en estas historias de éxito; la gran mayoría había empezado dando pequeños pasos y yo quería tragarme el mundo de un solo bocado.

Fue entonces cuando comprendí, que si quería lograr que un proyecto viera la luz, no era necesario construir un templo en 3 días, sino poner bloque sobre bloque hasta ver el templo terminado.

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Para mantenerme motivado entonces, tome a los “Golliats” y los dividí en partes más pequeñas, que llamé “side projects” o proyectos alternativos, sobre los cuales podía manejar lapsos de tiempo más relajados para mí, porque no estaban comprometidos con clientes…digo sí estaba comprometido conmingo mismo, pero no tan estricto, ustedes saben a que me refiero.

Por último, empecé a listar actividades que me empujaran a caminar con los proyectos de manera divertida, y que no se sintiera como tener un jefe regañón al lado. Aquí les comparto algunas de esas iniciativas:

1. Crea tus propios retos.
Hay gente que se une a los retos de temporada como 36 days of type por ejemplo y me parecen super cool, pero que pasa cuando por alguna razón te quedas atrás. Yo lo intenté, pero como siempre me atrasaba, terminaba abandonando el reto. Lo que hice entonces fue crear mis propios retos, que puse en los “highlights” de instagram, un lugar lo suficientemente visible para que tanto mis seguidores como yo, pudieramos ser testigos de los avances. ¿Y cómo puede convertirse un reto en un proyecto? Miren cómo lo hace Stefan Kunz en su instagram, bajo el hashtag #CreatedToday

2. Llevar la libreta contigo siempre.
En mi caso, como soy ilustrador, me propuse que fuera cual fuera la ruta del día, llevaría la libreta de dibujo conmigo (salvo eventos formales por supuesto), ya que hay veces que me toca esperar en algún sitio o me detengo en alguna cafetería a relajarme. Aprovechar cada oportunidad libre para adelantar en un boceto o idea, hace avanzar el proyecto. Si no dibujas, lleva la libreta igual, las ideas son fugaces y es mejor escribirlas, pero ¿puede convertirse un boceto en un gran proyecto? Vean el proceso de creación de Remedios para su Chrisyna Solo Show.

3. Acompañados es mejor.
Hay gente que se siente más entusiasmada a salir a ejercitarse cuando tiene un compañero o compañera con quien también pueda compartir logros. De la misma manera se puede aplicar con aquel proyecto abandonado. Puedes buscar un “partner” de confianza que también tenga un proyecto, y animarse mutuamente a cumplir con una meta.  Se siente bien cuando logras algo y alguien lo vive contigo. ¿Se puede convertir algo así en un proyecto? Aquí les dejo un ejemplo de como lo hizo Martina Flor, letrista y dueña de su propio Estudio en Berlín cuando recién se iniciaba, junto a Guiseppe Salerno. Lettering vs. Calligraphy

4. Los 15 minutos.
Una vez mi hermano me visitó en casa y me preguntó si tenía una guitarra. Yo tengo una que ya no uso tanto, pero él coordina un coro juvenil en la Iglesia y se propuso como meta para mejorar en su técnica, tocar guitarra todos los días por 15 minutos. De la misma manera nosotros podemos separar de nuestra rutina, 15 minutos para dedicarle a ese “proyecto en marcha”. En mi caso, lo empecé a hacer con mis ilustraciones del 10 AM en Calzoncillos (proyecto visual que trata de la rutina de un ilustrador freelance). Como me gusta levantarme a la par del canto del gallo, separaba mis 15 minutos en las mañanas antes de salir, para dibujar todos los días lo que pudiera en ese lapso de tiempo. ¡Solo 15 min! ni más ni menos. ¿Y se puede crear un proyecto invirtiendo tan poco tiempo por día? Vean cómo lo hizo Jollie Guillebeau con su proyecto 100 Paintings in 100 Days, que se extendió hasta lograr ¡1000 pinturas!

5. Anímate a competir.
A veces pensamos que no tenemos la talla para participar en competencias de arte, diseño, danza, deportes etc., pero lo importante de participar, es que nos deja aprender de los demás y recibir crítica constructiva. Tener fechas asignadas de competencia o límites para entrega, nos estimula a separar el tiempo para desarrollarlo, pero eso sí, esto es haciendo y no pensándolo mucho. Es como aprender a nadar; hay que tirarse al agua. ¿Y existen competencias que tengan un impacto tan fuerte para ponerte en el “spotlight”? Vean la lista de seleccionados para el proyecto #Mural500 conmemorativo a los 500 años de Fundación de la Ciudad de Panamá, que reune a ilustradores y muralistas locales para este proyecto que tendrá impacto tanto nacional como internacional.

¿Qué dicen ahora? ¿Se animan a traer a la vida esos proyectos engavetados? Yo tengo un par en marcha; uno de ellos es el alfabeto para el cual estoy utilizando el tip número 1.

Espero les haya gustado este artículo y se animen a retomar sus proyectos con alguna de estas iniciativas. Recuerden que esta es una carrera de resistencia, no de velocidad.

Ahoy.

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