COSAS QUE NO QUIERO REPETIR EN EL 2020

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Llegar al último día del año 2019 supone un gran logro para mí. Hace 4 años exactamente (31 de diciembre de 2015), dije SÍ a un nuevo rumbo profesional que terminó convirtiéndose también en mi estilo de vida.

Recuerdo que aquel 1 de enero de 2016 (mi primer día de trabajo como profesional independiente) miraba con mucho entusiasmo aquella lista de propósitos desafiantes, sin saber cuantas lecciones debía aprender antes de empezar a caminar de verdad.

Desde el 2018 dejé de preocuparme por las resoluciones de año nuevo que nunca lograba al 100% y empecé a prestar más atención a aquellas cosas que no me permitían lograr mis propósitos.

Este 2019 me dejó más lecciones que metas cumplidas; lecciones que me permiten abrir las puertas del 2020 con una visión más clara de qué cosas necesito cambiar para abrirme camino:

1. Ser un jefe exigente.

Los jefes con quienes trabajaba, siempre exigían lo mejor de mí y era agotador, pero siempre reconocían “la milla extra” de alguna manera: una invitación a cenar, una tarde libre o una mención especial por las metas alcanzadas. El buen trabajo siempre era recompensado.

Sin embargo, siendo mi propio jefe, reconozco con tristeza que he sido más exigente al no darme vacaciones, trabajar los fines de semana y en horarios nocturnos, aceptar encargos con fechas apretadas sin cobrar extra, ceder a los descuentos y sentirme mal por cobrar más por el trabajo bien hecho. Sin duda he sido el peor jefe de todos.

Es por eso que para este 2020, seré un jefe que respete las horas de descanso, que celebre los logros, que luche y crea en sí mismo, y defienda sus intereses tanto como los de sus clientes.

2. Comparar mi trabajo con el de otros colegas.

Cuando empecé a trabajar en el campo de la ilustración, ni siquiera me atrevía a usar el título de “artista” porque sabía que estaba en un proceso de aprendizaje. Al ver el trabajo de los artistas que tanto admiraba, solo pensaba en lo mucho que me faltaba para llegar a ese nivel. Sin embargo algo que no comprendía, era que el proceso de aprendizaje NUNCA TERMINA ni para mí ni para ningún artista.

En esta carrera lo importante no es llegar a la meta, sino mantener la antorcha encendida todo el camino. Cada uno posee talentos diferentes, y es un error pensar que la luz de otros es mejor que la mía porque tiene diferente color o intensidad.

Este 2020 prestaré más atención a mi voz artística para destacar aquellas cosas brillantes que otros no pueden hacer brillar.

3. Vivir conectado.

Las redes sociales son mi principal puente de comunicación entre mis clientes y yo. Es por eso que me esfuerzo mucho para que el contenido que comparto aporte valor a los demás.

Sin embargo, este año trabajé en un proyecto que exigió de mí mucho más de lo que yo pensaba que podía hacer. Tanto me sumergí que prácticamente olvidé que tenía teléfono y durante ese tiempo, conocí a un José con otras habilidades. Desconectarme por largos periodos me permitió concentrarme en la calidad de mi trabajo más que en su apariencia. Además pude descansar del FOMO y mi negocio ¡no se hundió!

Para este 2020 no me preocuparé por tener redes sociales impecables sino por presentar resultados impecables, dejando el corazón en mi trabajo y tomándome el tiempo necesario para lograrlo.

4. Descuidar mi salud.

Recuerdo que a mis 20 años iba al trabajo, luego a la universidad, llegaba a mi casa a estudiar y tenía todavía tiempo para ver tele o preparar algo de comer. Sin embargo he sentido últimamente que me canso con más facilidad, me duele el cuello con más frecuencia y mis lentes ya no funcionan como antes.

Preocupado visité al médico, y se confirmaron mis sospechas: ¡Ya no tengo 20 años!

Tengo que reconocer que por un tiempo quise ignorar el hecho de que ya no soy un adolescente, pero mi error más grave fue ignorar también mi salud. Obviamente, esta falta de cuidado afectó mi rendimiento y he aprendido que así como nuestro cuerpo y mente no son los mismos a medida que crecemos, nuestras rutinas y cuidados de la salud tampoco pueden ser los mismos.

Para este 2020 los hábitos alimenticios cambiarán, la actividad física debe aumentar y así como en la agenda hay espacio para proyectos y actividades de entretenimiento, habrá espacio para ejercitarme y visitar al médico.

5. No tomarme en serio los ahorros de fin de año.

Las obligaciones económicas son sin duda una preocupación para quien navega su propia nave. Los acreedores no entienden de jornadas largas de trabajo, de pagos incumplidos ni temporadas bajas, ellos solo reclaman el pago por el servicio que ofrecen.

Este año, en mi afán por irme a dormir en paz sabiendo que no le debo el alma a los bancos y a las aseguradoras, quedé atrapado en un modo de supervivencia que me daba estabilidad, pero que no contemplaba un par de zapatillas nuevas, un iPad para entretenerme o ese viaje que hace tanto he querido hacer a St. Maarten.

En este 2020 procuraré ser más cuidadoso con mis gastos e inversiones y crearé un fondo para mí y mis caprichos. Al fin y al cabo, yo también merezco celebrar mis triunfos con una copa de Moet Chandon sin sentir remordimiento.


Creo que sin querer terminé haciendo una lista de propósitos de año nuevo pero con puntos de vista diferentes. Lo importante es que miremos el nuevo año con valentía, listos para asumir nuevos retos y confiados en Dios y nuestros talentos.

Feliz Año Nuevo 2020.

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